Por Eduardo Barraza Septiembre 19, 2011
Boicot económico en Arizona, ¿acción efectiva o mero simbolismo?


Phoenix, Arizona - La idea detrás del boicot económico contra
Arizona dentro del contexto de la aprobación de la ley SB 1070 era la
de forzar al gobierno a retractarse de ejercerla. No obstante, Arizona
no ha cedido hasta hoy, ni dado indicaciones de que así lo hará en el
futuro.
Como principio, un boicot no le conviene a nadie. Mucho menos al
trabajador inmigrante que lo que menos quiere es que se escaseé el
trabajo. Pero se entiende como boicot una medida drástica, un
sacrificio temporal, con el fin de lograr un beneficio mayor y
permanente. Un boicot económico es un medio, no un fin en sí
mismo. Lo mismo se puede decir de la huelga.
Pensar que el boicot es una medida agradable sería glorificarlo como
tal, y olvidar que un recurso así debe emplearse con consenso,
unidad y, sobre todo, con efectividad. Es una táctica que debe doler
a todos. Si es eficaz, quienes son objeto del mismo deben
reconsiderar su postura, negociar tal vez, ceder como acción más
inteligente. Quienes lo ejercen deben de estar dispuestos a pagar el
precio, resistir, y saber en qué punto táctico el boicot cumple su meta
principal.
La acción de boicotear busca poner presión a un grupo o grupos de
tal manera que los lleve a un reconocimiento de que una pérdida
mayor se cierne como amenaza sobre ellos. Forzarlos a poner sobre
la balanza la acción misma que dio pie al boicot y los efectos que
éste pueda ocasionarles. Al final, sopesar qué les perjudicará menos,
después actuar inteligentemente.
Si el boicot no está generando los resultados deseados, el boicot no
está siendo efectivo. Hay que aclarar que el boicot debe de dar
resultados de inmediato, si bien esos resultados deberán de ir
subiendo en espiral y hasta que la presión sea tal que la pérdida
infringida es demasiado alta para sufrirla. En su clímax, el boicot
debe de llevar a la suspensión de la acción que lo originó.
Quienes llevan a cabo el boicot, deben de saber que también
pierden. Tienen que considerar si la pérdida es algo que a lo que
están dispuestos a exponerse, aún si por razones de que el boicot
esté siendo efectivo y va en crescendo tiene que mantenerse,
continuarse y llevarse hasta sus máximas consecuencias.
Cuando se llevó a cabo el boicot en Montgomery, Alabama, al
despuntar la era del movimiento de los derechos civiles en Estados
Unidos, hacia finales de los años 50s, los ciudadanos de raza negra
estuvieron dispuestos a caminar a sus trabajos para castigar a la
compañía de transporte público, a obligarla a tratarlos como
ciudadanos de primera clase. El sacrificio fue real, molesto, difícil. Lo
soportaron no como fin, sino como un medio drástico, desagradable
primeramente para ellos, pero al hacerlo golpearon
sistemáticamente y efectivamente las ganancias de la compañía.
Después de todo, los usuarios afroamericanos de los camiones de
transporte pagaban el mismo importe del pasaje igual que los
anglosajones.
Su búsqueda no fue el boicot por el boicot mismo. Se unieron, hubo
acuerdo, organización, consenso. Se prolongó el boicot. Los
camiones quedaron inmóviles en los estacionamientos de la
compañía. Las ganancias declinaron. Al final, los usuarios
afroamericanos derribaron al gigante porque el gigante reconoció
forzadamente que lo hirieron a un punto que no pudo seguir
sufriendo el fuerte efecto de pérdida económica.
Los usuarios se regocijaron cuando ese gran boicot histórico
concluyó. Habían ganado, pero hay que recordar que también habían
perdido, si bien temporalmente, al haber soportado la fatiga de
caminar al trabajo y de regreso a casa. No les gustó lo que les
demandó el boicot, pero estuvieron dispuestos a tragarse ese trago
amargo, teniendo como fin su dignidad, el respeto, la adquisición de
sus derechos civiles.
El boicot económico en Arizona como concepto de lucha tiene
sentido. Pero, ¿ha respondido el pueblo con unidad y acuerdo? ¿Se
le ha articulado con claridad lo que representa el boicot? ¿Ha habido
consenso y unidad entre los organizadores? ¿Ha habido efectos
cualitativos y cuantitativos? ¿Se ha boicoteado a objetivos claros
cuyas ganancias económicas se sustentan sobre la población misma
que los está boicoteando?
Un año después de la aprobación de la SB 1070, de su bloqueo
parcial en los juzgados, el coro de acuerdo entre grupos que han
luchado contra esa legislación se ha desentonado, produciendo una
acción desafinada que no solamente le ha restado la efectividad
necesaria al boicot, sino que a nivel grupos se ha detenido. Hoy, el
divisionismo y la rivalidad entre organizaciones pro derechos de los
inmigrantes es evidente. Es claro que la intercomunicación, el
respeto a los esfuerzos regionales, y la consulta que debería existir
entre los grupos que en un principio se habían unido al boicot no
existe. Batallones de un mismo ejército siguiendo estrategias
discrepantes.
Sin consenso, unidad y objetivos contextualizados a la resistencia de
los inmigrantes en contra de la SB 1070, el boicot pierde efectividad,
no cumple su función práctica. Sin un entendimiento por parte del
pueblo y una explicación clara de los organizadores, el boicot no es
boicot como principio. El boicot se convierte simplemente un plan
simbólico de lucha, una teoría sin efectividad, sin dirección, sin
probabilidades de eficacia ni posibilidades de infringir una pérdida
económica real y seria.
El boicot económico en Arizona como
concepto de lucha tiene sentido.
Pero, ¿ha respondido el pueblo con
unidad y acuerdo? ¿Se le ha
articulado con claridad lo que
representa el boicot?
Foto por Eduardo Barraza | Barriozona
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Publicado por el Instituto Hispano de Asuntos Sociales en Phoenix, Arizona
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